martes, 29 de enero de 2008

Como los trapecistas...

(imagen obtenida de internet)
Los trapecistas tienen el alma en equilibrio.
Los trapecistas nunca se caen de sus sueños. (Patricia Rodon)

Quiero pensar en voz alta y hablar del riesgo de dejarse atrapar en la cárcel de lo puramente racional.
La mente es, sin dudas, una de las partes mas importantes de nuestro todo, de nuestro Ser… Se dice que “somos nuestra mente”, humildemente creo que “somos” mucho más que eso.
Sin dudas es importantísimo pensar, racionalizar, permitiéndole a nuestra mente formar y ordenar ideas y conceptos, para que nos ayude a desentrañar el significado de las cosas…

Es bueno pensar, cuando se trata del calcular nuestras acciones futuras a fin de llegar sin tropiezos hacia nuestros objetivos…
Es bueno pensar cuando se trata de reflexionar, de meditar para comprender, para arribar a conclusiones que nos permitan comprender el mundo y sus gentes…
Es bueno también, para de vez en cuando inventarnos un mundo de fantasía que nos permita dar la vuelta al mundo en 80 segundos, siempre y cuando entendamos al abrir los ojos que estamos aquí en casa, en un mundo donde la mente no es el único lugar donde nuestro ser puede habitar. El pensamiento es una maravillosa herramienta... ya sea por medio de ideas ingeniosas o profundas, nos ayuda a llegar a conclusiones, a deducir consecuencias y a comunicarnos intencionalmente con el mundo exterior…
Pero creo que debemos cuidarnos de no caer en el exceso de racionalización, porque también puede ser peligroso y hacernos perder el equilibrio de las cosas… el pensamiento no es bueno cuando comienza a girar y girar alrededor de una idea fija y se convierte en una cárcel de tormentos, evitando que disfrutemos de lo que estamos viviendo...
“ el verdugo de la cárcel del pensamiento es la duda” (Finkestein).
Humildemente creo que si bien vivimos en nuestro pensamiento, tenemos que aprender a salirnos de la pura racionalidad algunas veces, para habitar una zona sin tanta proyección, sin tanto cálculo y vivir desde lo profundo de nuestra totalidad el momento que nos toca… estando presentes total y absolutamente en los que estamos haciendo, sintiendo… vivenciando…con una concentracion absoluta en aquello que estamos viviendo.
Tanto se habla de vivir el momento que muchas veces nos confundimos… esto no significa olvidarnos del pasado, sino desapegarnos de él para no vivir prisioneros en los recuerdos… tampoco significa vivir sin pensar en el futuro, sino no apegarse a la sola imaginación de lo porvenir y a los planes para mañana... porque el ayer ya no esta ahí y el mañana, mas allá de nuestros proyectos y elucubraciones, traerá consigo quizá lo esperado, pero casi siempre nos deja a nuestros pies lo inesperado.
¿Recuerdan el dicho "no crucemos el puente hasta que lleguemos a él?...

Muchas veces la vida nos regala un presente que nos permite volar, jugar, libres… Me viene a la mente la imagen de los trapecistas… nos sentimos en ese momento como esos trapecitas en lo alto, dueños de la gracia y de la libertad… y de pronto, en medio de la dicha, le damos lugar a nuestra racionalidad que nos atrapa en su duda y el temor al vacío se vuelve consciente y nos hace caer irremediablemente en él.
Lo que quiero decir es que aprecio mi mente para reflexionar y aprender, no para que se vuelva mi enemiga… y para ello se me ocurre que sería un buen ejercicio, el aprender a desarrollar esta maravillosa habilidad que tienen los trapecitas…
En ese momento en que estan en el aire son libres... pero aún asi estan alertas… presentes en ese exacto momento... ni en el pasado, ni el futuro, ni el cálculo de la racionalidad... sin pensamientos… independientes se lanzan en su pirueta temerarios pero saben depositar su plena confianza en el otro que los ha de sostener en el momento preciso.
Es que en un número de trapecio nadie puede darse, ni por un instante, el lujo de estar “ausente”… sería fatal.
¿Porque, entonces, nos permitimos estar ausentes de lo que nos toca vivir?... ¿porque permitimos que nuestra mente tome el control y robe con sus dudas, cálculos y elucubraciones momentos de increíble belleza, de plenitud que la vida nos ofrece, haciéndonos perder el equilibrio?
¿No sería maravilloso que aprendamos a desarrollar esta cualidad de los trapecitas, dando un paso a la vez, absortos en ese paso que damos, presentes en ese acto, poniendo en ello nuestra atención completa y toda nuestra energía?.
Dejar que la razón haga lo suyo, que es muy bueno, pero no permitir que en su cálculo nos distraiga de la vida y nos precipite al vacio…
Cada cosa en su lugar…
Aprender de esta habilidad para vivir con confianza y plenitud el momento de felicidad que nos toca, sin boicotearlo… para que cuando nos topemos con ese algo o alguien que nos permite volar, podamos gozarlo, libres, presentes…

Creo que de esta manera todo se vuelve sorprendentemente vivido, vital, intenso…
Creo que vale la pena el ejercicio, no?... Uds. que piensan?

OBB-2008

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