jueves, 10 de enero de 2008

BAILEMOS TANGO MI VIDA

Cuadro composición OBB'2008
Este es un bello relato escrito por la psicóloga argentina, radicada en España Lic. Julia A. García, por el que vale la pena, o mejor dicho: vale la alegria!, de tomarse 5 minutitos para leerlo y disfrutarlo. La decisión ya estaba tomada, iba a aprender a bailar tango. Es más, tenía que aprender a bailar tango. Y esta vez sí que iba a poner todo el empeño escatimado en tantos años de infructuosos intentos (desde los primeros balbuceos con mi padre, hasta aquellas tentativas fugaces, pero llenas de vana ilusión, emprendidas con la ayuda de los abnegados “voluntarios” que alguna vez encontré en el camino). Y como esta vez estaba realmente dispuesta a llegar hasta el final, lo primero que tenía que hacer era tomar clases como Dios manda (es decir, con profesor y todo). Axial que llena de buena voluntad, encaramada a mis zapatos de tacón, embutida en una falda acorde a las circunstancias y con la mejor de mis sonrisas en el rostro, me planté en aquella sala de baile que tanto me habían recomendado las amigas.
Por cierto, como es imposible tanta dicha, como tanta perfección nos esta prohibida... como siempre… faltaba algo. Miré, remiré y por más que busqué, me encontré de nuevo con la eterna verdad delante de mis narices: solo había 4 hombres para 25 mujeres.
Con todo y con eso no estaba dispuesta a que mi voluntad se viera vencida una vez más. Y me lanceé a la pista dispuesta a arrebatarle a cualquiera de las otras 24 mujeres alguna de las 4 codiciadas presas. Sin embargo, a pesar de mi buena voluntad y de la mejor de mis sonrisas, en una hora sólo pude capturar a un compañero, y por 5 minutos. Aquel paso, ni en dos años prendería una sola figura (si es que antes no aparecían por la pista nuevas competidoras). Fue entonces cuando la luz se hizo en mi cabeza y lo ví todo con mucha mas claridad: ¡para algo se tiene un marido!...
Y luego de poner en juego mis mejores y más elaboradas maniobras de manipulo seducción, conseguí arrastrarlo a la clase. Lo mejor y más increíble de todo… es que ¡¡le gustó!!.

CLASE 1
-Lo primero que vamos a aprender del tango es el abrazo –dijo Julio Horacio Martínez, el profesor.
No pensé que esto tendría mucha ciencia, porque abrazarse es algo que todos hacemos habitualmente, de una manera espontánea, que se yo… natural, sin aprendizaje previo. Pero no. Al parecer, detrás del abrazo en el tango se esconde algo bastante mas complicado.
-En el tango los cuerpos tienen que armar un circuito de tensiones encontradas. El brazo debe estar firme, pero sin empujar. Las piernas en contacto, pero sin asfixiarse ni impedirse el movimiento. Tengan ustedes en cuenta que en este baile el equilibrio no esta en cada uno, sino en el centro de los dos, y si no se entienden pueden desestabilizarse. Tienen que aprender a comunicarse para poder disfrutarlo juntos.
Entonces, Norberto mi marido, me tomo en sus brazos, juntas las piernas, con una mano sujetándome de la cintura y con la otra, arriba y firme, para que me sirviera de apoyo. Hasta aquí todo bien… en teoría, si no fuese porque su mano en la cintura… me tenía suspendida en el aire, sus piernas juntas… no me dejaban mover, y su mano firme… era tan firme que me atenazaba los dedos.
-Tu mano debe ofrecer resistencia, de lo contrario te sentís empujada. No se puede bailar con un flan aunque tenga forma de mujer.
Me había llamado flan con forma de mujer. Eso fue lo que dijo… y ahí termino la clase.

CLASE 2
- Hoy aprenderemos el paso básico, que son ocho compases. ¿Ven? Uno, dos tres, cuatro, cinco… y en el quinto la mujer debe tener el peso del cuerpo en el pie derecho y entonces, con ese mismo pie, y cambiando el peso, ella sale hacia atrás y seguimos seis, siete y ocho… ¿entendieron?
- Dijimos que si (no sin ciertos reparos) y empezamos a bailar: uno, dos, tres, cuatro, cinco… uno, dos, tres, cuatro, cinco… uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡NADA! No había manera. Norberto estaba empeñado en que yo hiciera el sexto con el pié izquierdo, pero no quería entender que lo tenia cruzado por delante.
- ¡Me estas Atropellando!
- No, sos vos que no retrocedés.
- Pero, ¿Cómo querés que retroceda si tengo el pie en el aire?
- Pues las demás lo hacen…
- Las demás lo hacen porque los demás lo marcan bien.
- ¡Norberto! – se acerco el profesor – tenés que tener en cuenta donde tiene ella el peso de su cuerpo. Si no lo haces, ella no puede salir. Mirá: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho. ¿Viste?
¡Que lindo era bailar con alguien que me entendía!. Reconocí que con Norberto me sentía impotente. Me echaba a mí la culpa de sus limitaciones y no quería darse cuenta de que era totalmente imposible seguirlo.

CLASE 3
- Hoy trabajaremos las articulaciones del paso básico. En el ocho hay dos tiempos, uno de entrada y otro de salida, tanto en el hombre como en la mujer. Son alrededor de la pareja. El hombre puede optar por solo darle el espacio o acompañar su movimiento… Por fin había llegado lo que estaba esperando, hacer esos firuletes tan lindos, tan elegantes, tan sensuales… Salgo, entro, salgo… ¿Qué pasa? De pronto estamos los dos haciendo fuerza por no caernos, a cuatro metros uno del otro y a leguas de la elegancia y sensualidad soñadas…
- -¡¿Qué están haciendo?! –se acerca Julio desorbitado-, queremos bailar tango y están haciendo una lucha de sumo. Norberto vení. Ahora yo tomaré el lugar de tu pareja y te muestro que hacés. ¿Ves? Si vos no me das espacio suficiente yo me lo voy a tomar de todos modos, aunque sea alejándome…

CLASE 4
Aunque ya más o menos podemos movernos juntos, todavía nos cuesta mucho sincronizarnos. Después de haber trabajado con la pausa hemos conseguido bailar un poco seguido, pero tras unos pasos engarzados a duras penas, me vuelvo a tropezar con sus pies (o quizás sea é quien tropieza, yo ya no lo sé). Sea como fuere, Norberto me acusa de no escuchar lo que me dice; de bailar sola. Yo le repito que no sé qué es lo que quiere que haga… pero parece que él tampoco me entiende.
De nuevo Julio se acerca a nosotros (¡¿es que no hay más parejas en la sala que bailen mal?!
-Norberto, si querés decirle algo, primero tenés que contactar, llamar su atención, de lo contrario la invadís, la sorprendes y en esa incertidumbre no te va a entender. Llevemos esto al baile. !Mira! Primero buscas su pié, la detenes y luego haces el movimiento. Si antes no conectas será difícil que ella adivine que querés comunicarte. Como cuando querés hablarle, primero la llamás, y solo cuando ves que ella te escucha, hablas, de lo contrario antes o después tendrás que gritar. Esto es lo mismo. Y vos (a mi) tené en cuenta que cuando te llama tenés que detenerte y escucharlo. Sino, para que lo escuches, tendrá que gritarte. Y si están bailando, te va a golpear. Lo voy a mostrar. Acerco mi pie al suyo; ella se detiene para escuchar, hago el movimiento y espero a que ella me conteste. No lo olviden, al bailar están dialogando, nunca imponiendo. Uno habla y después de escuchar el otro contesta. Atención, solo después de escuchar. Porque en el tango, como en la vida, si no me tomo el trabajo de escuchar, voy a presuponer que sé lo que me van a decir, y nunca contestare al otro. SI acaso contestare a mis suposiciones, pero nunca al otro. Así, el dialogo real deja de existir y se convierte en monologo. Esto es lo que están haciendo, y esto no es bailar tango, que es una danza de pareja en la que cada uno improvisa de acuerdo al movimiento del otro.

CLASE 5
Hoy no tengo ganas de ir a clase; en realidad no tengo ganas de ir a ninguna parte. Yo no entiendo que esta pasando, pero siento que mi pareja se acaba. Desde hace un tiempo discutimos por todo y no hay manera de poder hablar de lo que nos pasa. Son infinitos los reproches mutuos que impiden el diálogo. Es como si habláramos distintos idiomas y una dolorosa distancia, mezcla de rencor e indiferencia, se esta clavando entre nosotros.
Este silencio, no se como ni cuando empezó, pero crece cada vez mas y parece imposible detenerlo. Nunca pensé que después de tanto tiempo de complicidad y cercanía llegaría el momento en que aun estando juntos no nos pudiésemos encontrar.
Mejor me cambio de ropa y voy a clase, porque con darle vueltas en la cabeza no gano nada y si nos quedamos solos en casa la distancia se hace insoportable.
- Hoy no vamos a aprender ningún paso nuevo. Creo que es importante que sepan que están haciendo. Si no entienden que es bailar tango, si no entienden su sentido, podrás hacer los pasos, pero nunca van a bailar tango. El tango es una danza de pareja abrazada con un abrazo que es contención, no estrujamiento. Abrazar es dar con los brazos abiertos y el que da con los brazos abiertos recibe con todo el cuerpo. Así unidos, los dos integrantes se desplazan en el espacio, pero no es un espacio cualquiera. Al contrario, es un espacio creado por los dos. Como dicen los Dinze: “El tango niega las matemáticas porque uno mas uno no son dos sino uno, que es la pareja, o son tres, porque son é, ella y un tercer volumen”. Uno o tres, pero nunca dos!
- Es un verdadero dialogo corporal y amoroso, donde los dos manejan la autodeterminación y donde también hay momentos de silencio. Un silencia que necesariamente forma parte del dialogo, que lo enriquece si quieren, pero que nunca lo anula. En este dialogo, los dos pueden proponer, aunque uno tome la iniciativa des primer movimiento, de acuerdo a como sea la respuesta, ya sea por velocidad, amplitud o dirección, es el siguiente movimiento. Por eso hay que aprender a vivir el error como posibilidad de enriquecimiento. Si esto no hubiese sido así, el tango no existiría. No deben enojarse ante un fallo, busquen el contacto con el otro e intenten crear juntos. Finalmente, el tango también es una forma de autoconocimiento, porque así como en nuestra vida de relación, ya sea como amigo, amante o padres, conozco mi calidad de tal a partir del otro, en el tango puedo ser un protector o un protegido, un dominado o un dominador, por ser infinitamente tierno, violento o tal vez la mezcla de todo eso, y mi pareja esta allí para demostrármelo. Esto que planteo no es fácil, pero solo cuando lo entiendan podran bailar, y además, de una manera distinta cada día: a veces con violencia, otras con ternura, otras en verdadero éxtasis, pero seguro no interrumpirán la danza.
Mientras volvíamos caminando a casa, las palabras de Julio retumbaban dentro de mi. Era como si las frases hubiesen tomado forma corporal y danzasen en mi cabeza, ocupándola, ordenándose, tomando armonía y sentido:
“El abrazo es contención, no estrujamiento… tomen el error como posibilidad… no le doy espacio el se lo va a tomar… mi pareja esta allí para mostrarme como soy… El encuentro es un dialogo, no una imposición, el dialogo es escuchar al otro, no suponer; el abrazo es dar espacio no atrapar; el tango es dialogar… dialogar… dialogar”
Hoy releo estos viejos apuntes. Los encontré en el cajón de una cómoda que había quedado en el sótano después de la mudanza. ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¿Diez años?. Si, creo que si. En aquella época cumplíamos a duras penas dos años de casados y ya llevamos juntos doce. La crisis paso, y efectivamente los dos tuvimos que aprender a vivir juntos, así como aprendimos a bailar tango.
Mientras leo estoy escuchando música y Norberto esta terminando de arreglar el jardín. Por cierto ya termino, veo que entra.
Esta sonando Danzarín. Es el tango que mas nos gusta bailar.
- ¿Qué estas haciendo? – le digo.
- Estoy pensando que tengo muchas ganas de abrazarte… ¿Nos bailamos un tanguito, mi vida?

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