viernes, 15 de febrero de 2008

FUGACIDAD


La vida misma es una sucesión de luces intermitentes, como parpadeos. ¿Y porqué extraño mecanismo se me ocurre, se te ocurre, se nos ocurre detenernos en las franjas de la sombra?... La sonrisa se vuela, como una mariposa; se evapora, como una gota de lluvia bajo el sol de enero, se escapa como una mojarrita por la rotura de la red.
En cambio el llanto es como tinta que mancha las ropas y no sale con nada; crece alimentándose de sí mismo, multiplicando en su humedad celeste la pena que lo hizo nacer.
El llanto perdura, se queda, pesa como una piedra.
Todo es como un relámpago que ilumina y se muere. Hagamos nacer rosas de esas muertes repetidas. Que su perfume fugaz llene las nieblas con una fragancia viva. Que el calor de tu mano, cuando apretó la mía, entibie los cristales de hielo de la ausencia.
Vivamos los relámpagos; que nos traspasen sus puñales de oro; que tiñan de amarillo las palabras y las alumbren rodando por la hierba, escabulléndose de las grietas del silencio. Vivamos los relámpagos. Cada segundo como si fuera el último. Naciendo, naciendo vos y yo de un día redondo como un gran vientre azul.
No nos dejemos alcanzar por la rutina. Corramos, Corramos… como niños que juegan a la mancha, como pájaros que huyen de la inminente tormenta, como las aguas del río que se precipitan en el mar. La rutina tiene una bolsa llena de cenizas, y las esparce como papel picado, como aserrín gris, sobre los pensamientos de la gente. Si la ceniza te toca, tus movimientos se vuelven mecánicos y torpes. Si la ceniza nos toca, las palabras se destiñen como si una llovizna les despintara la acuarela con que fueron escritas en el aire, y se ensaya el enojo y la ironía para no morir de aburrimiento…
Corramos, corramos, corramos de la mano, vayamos a refugiarnos en un banco de plaza anochecida, en una mesa de bar con mantelito a cuadros, en la última butaca de un cine de barrio, en una ronda de niños donde nos pongan en el medio, en la cocina de casa friendo milanesa, en el sillón del living que hay que retapizar porque las hilachas despeinadas lo han convertido en un hippie... Sedúceme cada día como si recién me conocieras… Hagamos de todas esas fugacidades alegres, una lámpara votiva que no se apague nunca. Una especie de relámpago eterno que borre de nuestra memoria la oscuridad y el llanto.
Ahora, ahora que aún es tiempo de verdor y de rosas emborrachando de dulzor el aire.


Poldy Bird

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SAGRADA FAMILIA