lunes, 10 de diciembre de 2007

Amor y miedo

Como ya habrán notado, en la nota que subí de Bauman sobre el libro “Liquid Love”, este es un tema que me anda rondando… da vueltas por mi cabeza… esta alojado en mi alma… lo huelo en el aire... en la distancia... y en esta búsqueda de claridad que me requiere el corazón, busco las palabras de siempre, mis grandes amigas, para responder a este sentir que me delata percibiendo mas allá de lo que sé a ciencia cierta…

Cosas de brujitas que nos define mujeres, escribamos o no… porque casi siempre escogemos el tema guiadas por ese ser interno y profundo que nos dice que hay algo que la razón no alcanza, pero que anida en el corazón.


Quiero hablar de los amores fantasía, de esos amores que huyen de la realidad, naciendo y muriendo desde y hasta la nada.
Y es que, a veces, el amor, en el contacto con el otro se vuelve tan único, tan intenso. Y es que, cuando comenzamos a comprender que ese otro, a quien hacemos objeto, comienza a revelarse en su feedback como alguien cierto en quien podemos proyectarnos para sentirnos completos, nos sentimos desbordados y entramos en pánico…
¿Y si esto se vuelve cierto, verdadero?...
En este momento de duda, permitimos que nuestra soledad se vuelva aliada de nuestro ego, y recurrimos a la balanza, pesando los pro y los contra… miedos, miedos, miedos… y nos llenamos de excusas… estamos viejos para estas tonteras… no me dan los años, estoy cansado, me agota amarte con tantas ganas… ya no puedo… y nos replegamos a esa zona de confort donde no pasa nada, donde no pasa otra cosa que acumular tristeza y desesperanza… y el tributo es despreciar la esperanza, la posibilidad.
Escuche decir por ahí que “el amor mata el miedo, pero que el miedo también puede matar al amor”… y asi es nomás.
Quebramos, tronchamos así nuestra posibilidad de crecimiento, de volver a nacer, y es que nos subyuga la comodidad de lo ya establecido, de lo cotidiano “sin réplicas”, sin el esfuerzo de comprometerse, de dar con toda el alma…
Y si, es tan fácil aferrarse a la soledad, dejándose cercar por el propio ombligo, llenos de excusas para evadir la peligrosa realidad que es el otro… y es que a nuestro ombligo lo conocemos tanto, aunque se nos llene de basura... que caemos en la trampa de convertir a la soledad en nuestra amante, permitimos que nos acaricie y nos bese con esa sensación de falsa confortabilidad, de propia y engañosa armonía… y de esta manera dejamos que poco a poco se cobre con nuestra vida.
Y es que la soledad, falsa y engañera, nos acostumbra a ella… y aunque la vida nos cuenta que allá afuera, aún es tiempo de compartirnos, que aún no se ha hecho tarde, preferimos seguirle el paso en su monótona y mediocre marcha… sintiéndonos seguros no comprendemos que hemos dado ya por finalizada nuestra jornada desde muy adentro… y tristes zombies del amor, cada tanto, caminamos por la cornisa de las palabras reencendiéndolo con un cómodo ENTER , perdida el alma en una irreversible soledad.
Lo que quiero decir es que la seguridad que nos ofrece pronto se desvanece, es efímera, y la soledad vuelve a mostrarnos su cara amarga y a corroernos las entrañas… y, entonces, reanudamos nuestra repetitiva danza de volver a “sentir” solos, siendo el objeto y el sujeto de un amor sin realidad en las manos, sin camas tibias, sin reniegos, sin concesiones que hacer… y nos encendemos de mail en mail… mintiéndonos los sueños.
Porque, amigos, hacen falta sueños de verdad y no “baratas” de oferta para aferrarse a la realidad… y necesitamos coraje para que el deseo no se torne un ensueño en el cuerpo del otro, para que nuestros besos no se desperdicien en una almohada, para que no nos volvamos sordos al llamado del amor-realidad, para no vivir temerosos de que su claridad nos inunde, nos invada, nos haga cambiar los hábitos viejos que nos esclavizan, pero que conocemos…
Que raro, no?... Por miedo, nos derrumbamos en la histeria para, al fin, quedarnos sin historia.
Bueno, a fuerza de ser sincera, diré que yo también tengo miedo, algunas veces, pero tanto he amado y tan bien he sido amada, que no es de la realidad de lo que tengo miedo… “de lo que tengo miedo es de tu miedo”… (William Shakespeare).
Por eso, yo seguiré aquí, decidida a pintar mis canas con el verde de la esperanza… por si despiertas mañana, sin temor a un amor de verdad.

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