domingo, 25 de mayo de 2008

Y TENDRA TUS OJOS



“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”
Césare Pavese

No sé como explicártelo desde aquí, a la distancia; vos y yo unidos por el trazo del humo del tren que lleva y trae nuestras cartas. Vos imaginándome no tan sola. Yo imaginándote no tan solo. Pero por Dios, que no estés tan solo como yo estoy sola. Que no estés tan triste como yo estoy triste. Que tus ojos guarden todavía la humedad de los bosques, y no esta sequedad de piedra calcinada que tienen los míos.
No, no me creés.
Pensás que es un momento de tristeza y que ya pasará.
Pero no. Esta vez es distinto. Y es grave.
Cayó a mis pies una hoja seca. Vino planeando desde una rama nudosa, como el brazo desnudo de una vieja. La aplasté con el zapato e hizo ruido de cascarudo triturado.
Te das cuenta?
Unos meses atrás te hubiera escrito: “cayó a mis pies una hoja seca. Vino planeando desde una rama desnuda como el brazo de una muchacha en traje de fiesta. La junté, y sus puntas frágiles, al triturarse, dejaron entre mis dedos un aserrín de ámbar, como el que se desprende de las alas de las mariposas”.
Ahora te ponés serio. Te encantaría poder llorar. Tampoco me siento cómoda entre mis cosas, ni tengo ganas de leer los libros de mi biblioteca, ni de hablar con los amigos de siempre, ni de escuchar música.
“La vida, la vida, la vida” –te decía. Y seguramente, mi voz era una campana. “La vida”. Y una constante solicitud de ternura. “La vida…”.. Vámonos, olvidémoslo todo, la vida es una huerta con gigantescos frutos y enormes flores y un aire de cristal hostigándonos con celestes alfilerazos de deseo.
“La vida”; la vida… un ahuecar los brazos y moverlos como meciendo a un niño.
En los ojos ávidos, la vida. En las manos calientes, la vida. En la piel estremecida, la vida. En la garganta abierta al canto, la vida. En el temblor, la vida.
Pero agonizo.
La costumbre – vieja titiritera-, tira de sus hilos y me levanta por la mañana. Me hace caminar hacia el baño a ducharme y cepillarme los dientes. El espejo refleja una ausencia, un borrón que se mueve maquinalmente, una mata de pelo alisada por tres o cuatro cepillazos.
Después me hace andar por las calles. Y mi soledad derrite a la gente, la evapora, hasta los árboles se lleva. Una enorme extensión de asfalto gris se atropella con los edificios tiznados de hollín. Me amarra algunas horas a la silla, para que mi mecanismo de reflejos haga con eficacia la tarea. Sé decir de memoria el versito del éxito, de qué contenta estoy por lo que he conseguido, bien ¿y usted?, claro, cómo no voy a estar agradecida al destino, a Dios, y a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino; por supuesto, la esperanza; por supuesto, la realidad de una luz muy luminosa que ilumina mi porvenir…, ya sus rayos iluminan el histórico futuro.
Pero no, ¿sabés?. La voz se me va licuando a lo largo del día, y cuando llego a casa, por la noche, es una lágrima que parece una laguna. Y ahí me sumerjo, en ella me sumerjo. Y me pregunto si los seres que no son amados de cerca no se irán marchitando igual que los claveles que nunca se riegan.
Me creés.
Pero igual seguís pensando que es un momento de tristeza y ya pasara.
No pasará.
Los latidos son cada día mas débiles. No tengo ganas de respirar profundamente para tener suficiente oxigeno; me faltan fuerzas para sobresaltarme, para sacudirme con alguna noticia de los diarios; fuerzas a mí, que viví dándole aliento a todo el mundo.
Y solamente te pido que vengas, que me mires hondamente con los ojos de bosque húmedo, que me beses hasta apagar la ultima, escondida, remota chispa de mi cuerpo, y me dejes morir, por favor, me dejes morir sonriendo porque la muerte tendrá tus ojos y querré ir con ella, apretada mi mano a la suya, contenta, mientras vos regresás a tu segura, planificada, sensata, sobria, conveniente vida; allá, donde termina el trazo del humo del tren que lleva y trae nuestras cartas, y que ya nunca mas tendrá la responsabilidad de parecerse a una paloma mensajera de ausencias.

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ORACION POR LA FAMILIA DE NUESTRO AMIGO

SAGRADA FAMILIA