sábado, 24 de mayo de 2008

Una Palabra


Te veo corriendo detrás de una palabra. La arrojaste de tu boca hecha silencio, como una piedra. Atravesó el aire que nos separaba, y parece que me cayó en los ojos, porque mis ojos se volvieron rojos de dolor y de lágrimas.
Arrojaste la palabra como quien abre las puertas de una jaula y libera a las aves. Sin decir palabra.
La palabra avecilla jamás será apresada.
Hendió el espacio azul con sus dos negras alas, y oscureció el sol.
Te había preguntado:
-¿ Me querés?
La discusión ya no pesa sobre nosotros. Me tiemblan las manos, me tiemblan la voz y las rodillas. Me molesta que defiendas tus puntos de vista, tu libertad, tu individualismo aun a cuestas de mi dolor y mi necesidad de ti. Y entonces la digo yo... con todas las letras... NO... NO... NO...
Estoy herida, rabiosa, tonta, tensa…, tal vez también estoy temerosa, resguardándome detrás de esa armadura llena de espinas que es el orgullo… la dignidad a la que no le has dejado espacio envuelto en la soberbia de tu verbo.
Y en vez de aquietar las aguas embravecidas, en vez de amansar el océano que nos separa y convertirlo en un lago donde un día podamos zambullirnos riendo y bebiéndonos la inmensidad del cielo reflejada en la piel, me contraigo y en un gesto de fiera agazapada pienso, siento, digo, decido:
-No... no.
Tal como tú dices: -No…. Sin decirlo, disfrazando, escondiendo, jugando, pervirtiendo el sentimiento.
¿Me querés?. No. ¿Me querés?. A mi manera. (No). ¿Me querés?. Y a la inversa: no sé. No. No. No… Histeria de la palabra que nos deja sin historia.
Y entonces mi eco… y soy yo quien dice NO. De frente, sin vueltas, sin histerias…
Y desde ese instante correras y correré detrás de la palabra… Mi alma desbocada como un potro escarlata se lanza tras ella para ayudarte, pero ya es tarde.
Pensaste, debo atraparla. Rogue porque la atrapes. Pero no sirven las lentas redes de cazar mariposas.
Quieres pescarla (poemas, videos, contramarchas), pero no sirven ya las largas líneas de pescar dorados.
Hay que rescatarla de las aguas profundas.
Hay que traerla de galaxias lejanas.
Palabra, palabrita pequeña, palabra de dos letras apenas, palabra de cuchillito, de sonido tan breve, de color tan intenso, palabra, palabrita con alitas de mosca, pósate en su mano, vuelve, acércate a su boca, entra en él nuevamente y en mi… y asi podremos conservarla dentro de nosotros para siempre y no volver a soltarla.
Ay, pero no pudimos asirla... Ni tú, ni yo...
Vino derecho a la herida, fue derecho a la duda, fue derecho al dolor… Y se convirtio en eco… y entonces la lanzo yo, mar adentro hasta tu playa, y va derecho a tu herida, aplastando tus dudas, haciendo blanco en tu dolor.
Ay, si me conocieras como me conozco, sabrías que aunque volvamos a vernos, aunque nos estrechemos las manos y los cuerpos, nunca volveré a creer en la total plenitud de tu amor.

Ay, si me conocieras como me conozco, sabrías que la misma rotundez con la que creo es la que me anima cuando descreo.
Si me conocieras como me conozco, sabrías que tendrías que rogarme, que perseguirme y suplicarme para que lo nuestro no termine. (Gracias a Dios, no lo permitirá tu soberbia de niña virgen que espera en su inalcanzable torre a ser asaltada a pecho armado para conceder su derrota).
En fin, si me conocieras como me conozco, sabrías que aún en los momentos de alegría, en los momentos de luces y de fuegos, la pequeña palabra inalcanzable batirá sus alitas de mosca y pondrá una levísima sombra de permanente duda en mi mirada y en la tuya.
Y será nuestra enemiga, nuestra terrible enemiga para siempre… una palabra…


Adaptación libre de un bello cuento de Poldy Bird

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