
Alberto Castillo es una de las cosas lindas que le paso a nuestro tango, nacido en una familia de la burguesía argentina, inmigrantes italianos, que animaron a su hijo a estudiar y a desarrollarse dentro de los principios de la época.
Nació el 7 de diciembre de 1914 y falleció el 23 de Julio de 2002, fue un gran cantor, con un registro voz de tenor vibrante, emocional, que llenaba de vida cada interpretación, por su particular modo de expresarse con todo el cuerpo… En alguna oportunidad, el mismo dijo: - Yo el tango lo expreso con todo el cuerpo, porque es la única manera que entiendo, yo canto como me enseño la calle, el café, y las Guardias en el Hospital Alvear, no sé hacerlo de otra forma”.
También fue participe de 18 películas de su época, dado su desparpajo y naturalidad, que le permitieron un interesante carrera actoral.
Autor, con el seudónimo de Riobal, de algunas letras de tangos: “Castañuelas, “Así canta Buenos Aires”, “Donde me quieren llevar”, Muchachos escuchen”, “Cucusita” (hermoso tango), “yo soy la vieja Ola”, “Un regalo del Cielo”, “Cada día canta mas”, “ Chirolita”, “La perinola y “Año Nuevo”.
Y médico ginecólogo… Aquí, el sentido común dice que inició la carrera siguiendo el mandato de sus padres, pero la leyenda dice que enamorado de Ofelia Onetto, bellísima mujer y de muy buena familia, hizo la carrera de medicina para poder convencer a la familia de su prometida, ya que no la dejaba casar “con apenas un cantor de tango”.
Su carrera exitosa como cantor comienza cuando un grupo de médicos que se reunían para hacer música, invitaron a Tanturi (director de orquestas de tanto) y le presentaron a Castillo. Inmediatamente lo contrato e inicio su carrera con un nombre ficticio Alberto Dual o Carlos Duval, como algunas veces se hacia llamar.
En el ’41, adquiere su seudónimo definitivo ALBERTO CASTILLO, siguiendo el consejo de un hombre de radio Don Pablo Valle, alcanzando su primer éxito con el tango “Recuerdos”.
Tango y medicina… repartió su carrera musical, con su profesión… instalo su consultorio en la casa de sus padres y mientras Salvador De Lucca (su nombre real) atendía a las señoras, Alberto Castillo crecía y se consolidaba como un popular cantor de tangos.
En 1948 se caso con Ofelia Onetto, “su vida domestica fue el calco del deseo paterno, una única mujer, que supo proteger su magia. Tres hijos, Alberto (ginecólogo y obstetra), Viviana (ingeniera Agrónoma y Veterinaria) y Gustavo (Cirujano Plástico). Deja también seis nietos, un ejercito de recuerdos y condecoraciones y una chapa lustrosa de médico, dedicada a su viejo” (Clarín, en su necrológica).
Su estilo, personal y arrabalero, de gestos acentuados, caminando todo el escenario con el micrófono en la mano, iniciando este estilo -hasta ese momento los cantantes largaban el estribillo frente al micrófono y se paraban luego detrás del piano, hasta su nueva entrada-, cómplice con su publico, “dejo una impronta gestual y de vestuario que marcaría a fuego a mas de una generación. Traje cruzado con decenas de botones, anchas solapas en tela brillante, pantalones con cintura alta, amplias bocamangas, corbata con nudo que amenazaba con deshacerse y una ilusión de flor en el pañuelo desparramado del bolsillo superior. En el ademán, la mano en el bolsillo y una caminata por el escenario, a veces provocativa, como para quitar el almidón del tango"
Uno de sus más exitosos registros fue "Cien Barrios Porteños", a tal punto que los presentadores lo anunciaban como el "Cantor de los cien barrios poroteños (sic)", deformando la palabra al decir, tal como hacían los arrabaleros.
Su inclinación hacia las expresiones más reas lo acercaron al candombe… siendo el principal intérprete de los géneros musicales afro-argentinos (y uruguayos), de candombe y de milonga, que llevaban al publico a bailar…"La gente se mueve gracias a mi modo de cantar", aseguraba.
Recuerdo siendo niña, cuando aún las familias iban el sábado al baile a escuchar orquestas en vivo… Aquí, a Concordia, mi ciudad natal, supo venir a cantar al Club Español, traído por “Los amigos del Arte”, al que íbamos con los tíos-abuelos que me criaron… Venía con su conjunto de bailarines negros, mulatas y negras que bailaban al son de sus candombes y era una alegría para adultos y niños… Muchas veces, bailé el candombe en medio de la pista, entre mis mayores, al son de la alegría y picardía que Alberto Castillo irradiaba. Una verdadera fiesta!. Los niños apreciábamos particularmente su estilo, que para algunos lo ponía al borde del ridículo, o lo convertía en la contrafigura de lo aceptado socialmente, cuando hacia bocina con su mano, inclinando su cuerpo hacia el público… Castillo fue en si mismo un Show, supo interpretar lo popular poniendo todo de si, cuerpo, alma, voz…
“Castillo paralizó varias veces a Buenos Aires. Hace 55 años, cuando Palermo era un festín de taco y de carmín, obligó a cortar el tránsito en Santa Fe y Godoy Cruz, tal la aglomeración provocada por su debut en el legendario Palermo Palace.”
Digo que pasan cosas buenas en el tango, porque Castillo es un ejemplo de ello… pasados sus 80 años, aun subía a un escenario, caminando unos pasitos, dándose una palmada en el corazón, corbata roja con nudo grueso y flojo, y haciendo bocina con su mano junto a la boca decía su verdad: “Yo soy parte de mi pueblo/ y a el le debo lo que soy/ hablo con su mismo verso/ canto con su misma voz” y entona: “Cien barrios porteños/ cien barrios de amor/ cien barrios metidos/ en mi corazón”…
El último éxito de Castillo fue en 1993, a los 79 años cuando grabó "Siga el baile" con Los Auténticos Decadentes, en el disco de la banda "Fiesta monstruo", y se ganó a la muchachada de fin de siglo, tal como lo había logrado con la de los años 40.
Nació el 7 de diciembre de 1914 y falleció el 23 de Julio de 2002, fue un gran cantor, con un registro voz de tenor vibrante, emocional, que llenaba de vida cada interpretación, por su particular modo de expresarse con todo el cuerpo… En alguna oportunidad, el mismo dijo: - Yo el tango lo expreso con todo el cuerpo, porque es la única manera que entiendo, yo canto como me enseño la calle, el café, y las Guardias en el Hospital Alvear, no sé hacerlo de otra forma”.
También fue participe de 18 películas de su época, dado su desparpajo y naturalidad, que le permitieron un interesante carrera actoral.
Autor, con el seudónimo de Riobal, de algunas letras de tangos: “Castañuelas, “Así canta Buenos Aires”, “Donde me quieren llevar”, Muchachos escuchen”, “Cucusita” (hermoso tango), “yo soy la vieja Ola”, “Un regalo del Cielo”, “Cada día canta mas”, “ Chirolita”, “La perinola y “Año Nuevo”.
Y médico ginecólogo… Aquí, el sentido común dice que inició la carrera siguiendo el mandato de sus padres, pero la leyenda dice que enamorado de Ofelia Onetto, bellísima mujer y de muy buena familia, hizo la carrera de medicina para poder convencer a la familia de su prometida, ya que no la dejaba casar “con apenas un cantor de tango”.
Su carrera exitosa como cantor comienza cuando un grupo de médicos que se reunían para hacer música, invitaron a Tanturi (director de orquestas de tanto) y le presentaron a Castillo. Inmediatamente lo contrato e inicio su carrera con un nombre ficticio Alberto Dual o Carlos Duval, como algunas veces se hacia llamar.
En el ’41, adquiere su seudónimo definitivo ALBERTO CASTILLO, siguiendo el consejo de un hombre de radio Don Pablo Valle, alcanzando su primer éxito con el tango “Recuerdos”.
Tango y medicina… repartió su carrera musical, con su profesión… instalo su consultorio en la casa de sus padres y mientras Salvador De Lucca (su nombre real) atendía a las señoras, Alberto Castillo crecía y se consolidaba como un popular cantor de tangos.
En 1948 se caso con Ofelia Onetto, “su vida domestica fue el calco del deseo paterno, una única mujer, que supo proteger su magia. Tres hijos, Alberto (ginecólogo y obstetra), Viviana (ingeniera Agrónoma y Veterinaria) y Gustavo (Cirujano Plástico). Deja también seis nietos, un ejercito de recuerdos y condecoraciones y una chapa lustrosa de médico, dedicada a su viejo” (Clarín, en su necrológica).
Su estilo, personal y arrabalero, de gestos acentuados, caminando todo el escenario con el micrófono en la mano, iniciando este estilo -hasta ese momento los cantantes largaban el estribillo frente al micrófono y se paraban luego detrás del piano, hasta su nueva entrada-, cómplice con su publico, “dejo una impronta gestual y de vestuario que marcaría a fuego a mas de una generación. Traje cruzado con decenas de botones, anchas solapas en tela brillante, pantalones con cintura alta, amplias bocamangas, corbata con nudo que amenazaba con deshacerse y una ilusión de flor en el pañuelo desparramado del bolsillo superior. En el ademán, la mano en el bolsillo y una caminata por el escenario, a veces provocativa, como para quitar el almidón del tango"
Uno de sus más exitosos registros fue "Cien Barrios Porteños", a tal punto que los presentadores lo anunciaban como el "Cantor de los cien barrios poroteños (sic)", deformando la palabra al decir, tal como hacían los arrabaleros.
Su inclinación hacia las expresiones más reas lo acercaron al candombe… siendo el principal intérprete de los géneros musicales afro-argentinos (y uruguayos), de candombe y de milonga, que llevaban al publico a bailar…"La gente se mueve gracias a mi modo de cantar", aseguraba.
Recuerdo siendo niña, cuando aún las familias iban el sábado al baile a escuchar orquestas en vivo… Aquí, a Concordia, mi ciudad natal, supo venir a cantar al Club Español, traído por “Los amigos del Arte”, al que íbamos con los tíos-abuelos que me criaron… Venía con su conjunto de bailarines negros, mulatas y negras que bailaban al son de sus candombes y era una alegría para adultos y niños… Muchas veces, bailé el candombe en medio de la pista, entre mis mayores, al son de la alegría y picardía que Alberto Castillo irradiaba. Una verdadera fiesta!. Los niños apreciábamos particularmente su estilo, que para algunos lo ponía al borde del ridículo, o lo convertía en la contrafigura de lo aceptado socialmente, cuando hacia bocina con su mano, inclinando su cuerpo hacia el público… Castillo fue en si mismo un Show, supo interpretar lo popular poniendo todo de si, cuerpo, alma, voz…
“Castillo paralizó varias veces a Buenos Aires. Hace 55 años, cuando Palermo era un festín de taco y de carmín, obligó a cortar el tránsito en Santa Fe y Godoy Cruz, tal la aglomeración provocada por su debut en el legendario Palermo Palace.”
Digo que pasan cosas buenas en el tango, porque Castillo es un ejemplo de ello… pasados sus 80 años, aun subía a un escenario, caminando unos pasitos, dándose una palmada en el corazón, corbata roja con nudo grueso y flojo, y haciendo bocina con su mano junto a la boca decía su verdad: “Yo soy parte de mi pueblo/ y a el le debo lo que soy/ hablo con su mismo verso/ canto con su misma voz” y entona: “Cien barrios porteños/ cien barrios de amor/ cien barrios metidos/ en mi corazón”…
El último éxito de Castillo fue en 1993, a los 79 años cuando grabó "Siga el baile" con Los Auténticos Decadentes, en el disco de la banda "Fiesta monstruo", y se ganó a la muchachada de fin de siglo, tal como lo había logrado con la de los años 40.
Incluyo en el archivo, dos versiones de este ultimo disco.
LinK: (reposicion link)
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