domingo, 13 de julio de 2008

Tiempos del Alma: el olvido.

Los tiempos del alma frente al olvido.
Se me ocurre pensar que el alma maneja tiempos que desconciertan nuestra racionalidad y desafían nuestro sentido de lo práctico…
Cuando la razón dice: -bueno, ya basta!… es tiempo de olvidar…
y nos presiona a aceptar el cambio, a darnos vuelta y seguir nuestro camino… Cuando la razón nos arenga con sus ejemplos y nos dice que deberíamos olvidar sin dolor, sin pena, pues es sabedora desde la experiencia que todo pasará a medida que transcurra el tiempo de los relojes… que la luz volverá a brillar… que es solo el fin de otra etapa… nuestro alma la mira con ojos azorados, lagrimeantes y calla, ella no sabe de razones… simplemente sabe.
Y por ello es que el alma maneja sus tiempos….
No puede aceptar estas razones y pasar de la tristeza a la alegría,
sin mediar mas consideraciones.
Como digo, el alma tiene sus tiempos…
cuando se enamora, veloz vuela en alas de la imaginación y va abriendo puertitas en nuestro interior para dejar entrar a quien estamos queriendo…
y ella misma, se llega hasta el ser querido transportándose como lo hacia Juan Salvador Gaviota cuando se convirtió en maestro… con solo pensarlo estaba a su lado.
He presenciado esta lucha tensa que se produce entre la razón y el alma,
cuando es tiempo de olvidar… les ha pasado a Uds?...
No han visto cuando nuestra razón le explica al alma que es tiempo de olvidar, que ya no hay razones para aferrarse a un querer… cuando le reprocha el tiempo de dolor que se toma para el olvido… no han visto como el alma baja la vista, como avergonzada?…
Creo que es porque sabe que cerrar las puertitas no es tan fácil… lleva mucho, mucho tiempo… Ella cree en los duelos, en ese tiempo que es necesario tomarse para perdonar y perdonarse las promesas no cumplidas, las no dadas, para agradecer, para dejar llorar a esas ilusiones que se quedaron vestiditas como para salir y que nunca se hicieron realidad, para volver a creer, para no decirse nunca más... para volver a amar.
Cada palabra, cada gesto, cada suspiro, cada nota del amor nacido y vivido es una puertita abierta a la vida y al que fué…
y ella habrá de desandar el camino lenta y ensimismada y frente a cada puerta con su nombre, recordara, sonreirá, llorara y así -sólo después-, cerrarla…
y así, una por una… tantas como caricias, besos, alegrías, promesas, dió y recibió…

Ay! alma mía, hoy quiero preguntarte cuándo cerrarás
la última puertita con su nombre…
es tu andar tan lento,
que se me ocurre que tu derrotero será eterno.

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