domingo, 8 de junio de 2008

LLUVIA DE OTOÑO


Llueve, el gris va ganándole por puntos al mismísimo silencio, en este dia lluvioso al Sur del mundo. La ciudad parece vacía. Hoy no he escuchado siquiera pasar la bandada de teros… ¿Dónde van los teros cuando llueve?... ¿Dónde va la gente cuando llueve?, se preguntaban Pedro y Pablo por allá por los ’70… ¿Dónde voy yo, cuando llueve?... ¿Dónde va mi mente cuando camino bajo la lluvia otoñal, sola por mi ciudad?.
Me gusta la lluvia, esta lluvia calma de gotas grandes y dispersas, el siseo de los neumáticos sobre el asfalto mojado, mi soledad saltando charcos, mi niña interior tentándome a caminar por la cuneta y chapotear en el agüita clara que corre, apurada y sin remedio, hacia el barro.
La frescura de las gotas salpicándome el rostro me provocan una sensación, como de gratitud… no sé porque?... y miro, sin ver, las hojas rojizas y amarillentas, que caen a mis pies a cada paso.
Detrás de las puertas, escucho el relato apagado de algún partido de fútbol de Domingo, y se me ocurre pensar en los hombres de la casa embobados frente al televisor, y en las mujeres trajinando en la cocina o aburriéndose como hongos con la letanía del relator, sobresaltándose frente al grito unísono de los hombres de la ciudad que despierta de un sacudón, frente a un gol… River salió campeón.
¿Dónde va mi mente?... intento no pensar en nada… la dejo chapotear como mis pies, salpicando pensamientos… sin embargo, no cuento contigo, que te atraviesas por sus caminitos. Y el silencio se vuelve ternura y brilla en tu sonrisa como si hubiera sol, y un arco iris de promesas surcan mi cielo… pero, pronto, se estrellan contra la distancia y todo vuelve a ser gris, a veces azulado, como el océano que nos separa… y vuelvo a la lluvia, a este otoño de hojas caídas, húmedas que van amortiguando mi andar hacia ningún lado… Y me pregunto cómo, esas dos gotas que surcan mi rostro dejaron de ser frescas y dulces, para convertirse en saladas y tibias?.
Sólo mi alma sabe donde va, la sigo… y la veo sentarse en un solitario banco de plaza, enamorada, a esperar…
¿Cómo se le dice al alma, en una tarde de lluvia, que quizá nunca vengas a buscarla?.
OBB-2008

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