Salí esta mañana a caminar, con mi bolsita de miguitas de pan para los patos y las garzas del estanque y cuando llegué, me encontré con una vecina, que triste y cavilante, no veía la belleza del lugar, sino que estaba sumida en sus pensamientos… al verla así, no quise ser inoportuna y me senté un banco lejos de ella, al otro lado del estanque.No soy curiosa de la vida de los demás, pero me preocupaba verla tan consternada. Al rato, ella misma se acerco y nos pusimos a conversar… Cuando, tímidamente, le pregunté: - Te pasa algo, puedo ayudar?... entre lágrimas y sin mediar otra palabra me pregunto: -¿Por qué los hombres fallan en su amor?... ¿Por qué es tan difícil vivir juntos todos los días?.
Lo que hablamos, es parte de su historia, de la historia de tantos… Ella es joven aún, espero pueda resolver su problema…
Pero, este encuentro me movió a reflexión… Pensé en las formas en que solemos mentirnos a nosotros mismos… Pretendemos que amamos al otro, pero en realidad nos limitamos a amarnos a nosotros mismos, a nuestro yo.
Una y otra vez escuche… no me da… no me valoriza… no me acompaña… no se ajusta a lo que yo esperaba de él…
¿Será que esperamos demasiado del otro… que el otro debe ponerme siempre por las nubes… tenerme en bandeja… no debe enfadarse, ni reñirme?...
Percibí en esta jovencita que estaba herida en su amor propio… llevan poco de casados… y al primer desencanto desenfocamos nuestra mirada del ser amado y lo enfocamos como si fuera el peor enemigo.
Pensamos demasiado poco, o casi nunca, en lo que podemos dar o hacer por el otro…. Vivimos poniendo la carga de nuestra felicidad en la espalda del que amamos… Me pregunto si esto es así?... Me pregunto si no decimos demasiado aprisa: “¡No me quiere!”.
Escuche a esta niña, sin darle consejos... Tanto podía haberle dicho, pero una de las cosas que también ha aprendido, es que cada uno debe forjar su destino y aprender per sé.
Sólo le dije, en el momento en que me decía que creía que ya las cosas no tenían solución y debían separarse: -¿Lo amas?... Si, fue la respuesta… -¿sientes que él te ama?... –Bueno, supongo que sí, nos casamos hace un año recién, me dijo… -Entonces, no digas ya no me quiere tan rápidamente, primero pregúntate si tu ya lo has dado todo de ti.
Reí frente a su reacción, de pronto como un dique que se abría, comenzó a balbucear la cantidad de cosas que ella no quiso, no pudo, no respondió, no dio… cosas que el también le recrimina… la vi iluminarse… y ahora que hago?, me preguntó...
No lo sé, le dije… pero ve a tu casa, habla con tu esposo, dejen de lado el “yo” y comiencen a pensar desde el “nosotros”.
Dí de comer a los patos y me volví caminando despacito, agradeciendo a la memoria de mi esposo que me enseño esto alguna vez, cuando yo también, confundida, estaba demasiado metida en mi ombligo y esperando que el amor me lo resuelva todo.
El amor es dar y recibir, es compartir… pero somos nosotros mismos los que debemos resolvernos, para crecer en el amor.OBB-2008
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