martes, 20 de julio de 2010

Cuentos de la realidad... Despedida...

(A la memoria de mi esposo Norberto U. Gründhal)

El adiós

Ella subió al Micro que la transportaría a Buenos Aires, la ciudad que la cobijó y que fue testigo junto a su gente de su dolor y su felicidad… Ella ama esta ciudad de infinitas posibilidades, pero en esta oportunidad llevaba un dolor prendido al corazón y unas lágrimas que se desprendian de sus ojos…
Ella sabe de despedidas, pero esta vez debía despedirse definitivamente de su amor, ya que agoniza… Iba a darle el adiós por segunda vez en la vida.
La primera 10 años antes, cuando él le hizo trampas a la muerte y la muerte súbita lo encontró en la sala de espera de un hospital y su corazón le canto truco y siguió funcionando, no del todo su mente… Pero, la vida se cobró cara su pirueta y aquí quedo sin reconocer a quienes tanto había amado…

Pero esta vez era la muerte la que estaba jugando su mejor carta sin darle ya otra oportunidad.
Pero la vida-muerte-vida es una extraña expresión de nuestras almas, y cuando estas están llenas de luz y amor, suceden cosas extraordinarias...
El estaba con una lucidez inusual, para esos últimos años... y en sus últimos momentos la reconoció... la recordó como para despedirse dignamente… y al reencontrarse ambos dejaron el dolor de lado para reír y recordar los buenos momentos, entre la indiscreción de la cirujana que le hacia una punción para desalojar el liquido de sus pulmones y el oxigeno, lo que no le impedía reír y hablar para establecer recuerdos...
Todo lo sucedido fue muy fuerte y poderoso...
Conscientes, después de tantas noches de charlas amanecidas durante su vida matrimonial, de que compartían la creencia de que la vida no termina en este paso... que hay algo mas allá... encararon la despedida sin eufemismos, para agradecerse el haber formado parte, uno de la vida del otro, y compartir un tramo del camino juntos... recordaron viejos tiempos felices, se les unió un viejo amigo común y rieron los tres recordando momentos de juventud, de salud, de vida compartidos... y está bien... no hay mejor manera de partir... no hay mejor manera de dejar seguir su camino a otro, cuando se tiene plena consciencia de que, "siempre" volveremos a encontrarnos...
El le recordó que, en la vida, ella había sido “su sueño hecho realidad” y ella guardo ese tesoro en su pecho… para siempre… para toda su vida… y quien sabe mas allá.
El le pidió que esa noche, la del sábado, saliera a recorrer aquellos lugares significativos para los dos, que lo llevara en su mente y mi corazón y lo ayudara a despedirse de esos lugares donde vivieron cosas hermosas y al otro día le contara... así que, ella salió del sanatorio, se fué al hotel, se vistió de fiesta, calzo sus tacones altos, se acicalo como para su primer cita y salio a cenar... sola... con la memoria activa, con la alegría del alma que no es algarabía, ni fiesta, sino una alegría profunda, la del espíritu, por haber sido parte de alguien y de que alguien fue y será parte de ella, aunque parta de la vida terrenal, hasta que parta ella también. Fue a un lugar en el que compartió horas hermosas con él, ceno, bebió unas copas de vino, brindo en su nombre... Vino blanco, gentil que supo disimular las lágrimas que rodaron por la copa…
Ella se fue al bar donde tuvieron su primer cita y se bebió un whisky, tal como él se lo había pedido, caminó por ese Bs. As. querido y miró todo, prestándole sus ojos y esa fue la verdadera despedida...
Es extraño, pero ella sintió una gran felicidad... porque supo amarlo, porque sabia que había sido bien amada por él, porque había entregado su alma y un alma le había sido dada y porque él se iba en paz, con sus gentes, con su vida, con sus amores... hablaron de su miedo de siempre, el de morir solo, y le dijo: -Negrita, tenias razón, que solo era idea mía... y así es, porque él supo cosechar grandes afectos, con su grandeza de espíritu... allí estábamos su primer esposa, yo su segunda esposa, sus tres hijas, sus dos nietas, sus 4 mejores amigos que viajaron desde el Sur, desde Mendoza, de Catamarca para darle su adiós. Esto lo llenó de alegría y tuvo la grandeza de transmitírselos y de pedirnos a todos que lo despidieramos con una sonrisa, tal como él había vivido. … siempre tuvo una sonrisa a mano, para cualquier circunstancia… Negro divino!
Ella tuvo que regresar a su pueblo y lloró amargamente cuando las hijas le avisaron que había muerto... lloró amargamente, porque no pudo evitar su humanidad, y pensar egóticamente que ya no lo volvería a ver... pero, su esposo mismo le había dado toda la paz y el consuelo que necesitaba, antes de partir.... le había dejado en su despedida la seguridad de haber amado a un hombre sensible, de espíritu generoso e integro, y 15 años de maravillosa convivencia...
Entonces ella supo que hay que seguir adelante... porque él así se lo pidió... y lo ha hecho con esa alegría del espíritu que es grandeza, que es el mejor reconocimiento por lo que nos dejan esos seres que amamos y han seguido su camino, y que nos han dejado su deseo de lo mejor para nosotros.
Ella, después de él, intenta volver a ser feliz… y lo recuerda …. Ella sabe que es feliz en su memoria… y que volverá a amar, porque eso es lo que él le enseñó… ese es su legado y ella lo respeta.

OBB'2008

2 comentarios:

  1. uuta se me cayeron los mocos doña gordi, de seguro que fue su esposo "un gran hombre".
    ni hablar de usted, sueño hecho realidad!. Mire como la vida siempre urde para encontrarse.

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  2. Gracias Pato, te mando mi cariño.

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